Casa Pellico donde inventaron las patatas bravas

La leyenda dice que aquí inventaron las patatas bravas

Patatas bravas: este es el reto del mes de Junio de Memories d’una Cuinera.

No hay nada más sencillo que unas patatas bravas: patatas cortadas en gajos o en dados irregulares acompañadas por una salsa picante.  Y no hay nada tan difícil como encontrar por estos bares de Dios un sitio donde las hagan medianamente aceptables. Bueno si, es igual de difícil encontrar un sitio donde hagan un buen pan con tomate pero de esto ya hablaremos otro día.

La leyenda dice que nacieron en Madrid, en Casa Pellico, allá por los tiempos del NODO y la moda yé-yé.  Puedo entenderlo, es una tapa barata, sabrosa y que abre el paladar a trasegar unas cuantas jarras de cerveza (en mi caso copas de cava que hasta para eso soy especial).

Y si su elaboración tiene la complejidad de un botijo, ¿por qué – con honrosas excepciones – se nos ofrece unas patatas congeladas, refritas en un aceite utilizado mil veces, con una cosa viscosa industrial de un color muchas veces indefinido con un churretón de mayonesa de bote?  ¿Será por ahorrarse unas pesetillas o por pura desidia cocineril?

No tengo respuesta.  Como tampoco tengo respuesta a la pregunta ¿donde comer las mejores bravas?  Aquí tenéis un recopilatorio por donde empezar – aunque diga que las bravas del Bar Tomás que son mis favoritas estén sobrevaloradas.

Después de consultar varios blogs y recetarios que tengo en casa, me he decantado por seguir la receta de Robin Food, de cuando todavía Vivía Rusia :-).  Pero si queréis consultar la receta original mirar este post de Gastronosfera.

Como curiosidad final decir que según Wikipedia, en una recopilación mundial de recetas realizada por las Naciones Unidas, la receta de las patatas bravas está considerado como un plato típicamente español!

PATATAS BRAVAS

Patatas Bravas

Patatas Bravas – Foto AA

Ingredientes:

Patatas peladas y cortadas en dados irregulares

Aceite de oliva Virgen – sal

Para la salsa

2 dientes de ajo picados

1 cebolla tierna picada

2 cucharaditas de pimentón de la Vera picante

2 cayenas

Vinagre de vino blanco

400 gr de tomate triturado

1 cucharada de ketchup

50 ml de agua mineral

Sal

Preparación:

Pelar las patatas.  Cortarlas en dados irregulares (también puede ser a gajos) y dejarlas en remojo con agua para que suelten el almidón.

Poner en el vaso de la batidora, el ajo picado, la cebolla tierna picada muy fina, sal al gusto, el pimentón y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra (por Dios, que sea del bueno!).  Triturarlo todo junto y hacer una pasta fina.  Si veis que queda muy espeso añadir un poco más de aceite.

Calentar una sartén al fuego, añadir la pasta y sofreír.  Incorporar las cayenas, el vinagre, el tomate triturado, el ketchup y el agua.  Darle un hervor y probar.  Rectificar de sal y añadirle una cucharadita de azúcar si ha quedado un poco ácido, pero normalmente el ketchup ayuda a dulcificar la salsa.  Estofar unos 15 minutos a fuego lento.

Salsa Brava

Salsa Brava – Foto AA

Escurrir las patatas y secarlas con papel de cocina.

Cubrir una cazuela o sartén honda con aceite y calentar.  Añadir las patatas y a fuego lento dejar que se frían las patatas aproximadamente 10 – 15 minutos (realmente es como si las confitáramos). Reservar.

Volver a poner la sartén con las patatas al fuego, esta vez fuerte, y freirlas hasta que estén doradas y crujientes.

Poner las patatas – bien escurridas de aceite – en una fuente y salarlas.  Ya solo queda poner un poco de la salsa brava por encima pero no hace falta que naden en ella: dejar que cada uno pueda elegir el grado de picante que quiere meterse en la boca.

Música para cocinar: Mina – Brava