Los potajes de vigilia surgen de la necesidad de buscar una alternativa a la carne durante los 40 días que dura la Cuaresma.

La tradición católica impone una «vigilia» es decir la prohibición de comer carne durante los 40 días que van desde que se acaba Carnaval hasta la Pascua. Y por si fuera poco, todos los viernes del año.

Y esta vigilia tenía un deje así como de triste y aburrido a nivel gastronómico: coles, acelgas, hervidos. Pero no nos olvidemos que también es temporada de buñuelos, torrijas, pestiños … y eso es pecado de gula total.

La reina del mambo de los potajes (fueran potajes de vigilia o no) era mi abuela. Decía que alimentaban, reconfortaban y se comían con cuchara. Eso de que así, con un solo plato daba de comer a toda la familia y se ahorraba tiempo en la cocina era un extra que se guardaba para ella 🙂

Y como dicen por ahí, todo lo que se echa al pote hace potaje.

Potaje de Vigilia – garbanzos, acelgas y bacalao

potaje de vigilia la fonda deza
Potaje de Vigilia
Ingredientes:
  • 1 manojo de acelgas o espinacas
  • 200 gr de garbanzos cocidos
  • 200 gr de bacalao desalado
  • 1 cucharadita de pimentón de la Vera
  • 1 diente de ajo
  • 1 rebanada de pan frito
  • 1 cebolla medianita
  • sal
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Agua o caldo de verduras
Preparación:

El primer paso es tener los garbanzos cocidos. Y para esto tenemos 3 posibilidades:

  • Poner los garbanzos en remojo la noche anterior con media cucharadita de bicarbonato. Al día siguiente lavarlos bien y escurrir. Cocerlos en una olla con una cebolla pelada, un ajo y una hoja de laurel una hora y media a fuego lento.
  • Comprar un bote de garbanzos cocidos. Sacarlos del bote, escurrirlos y lavarlos bien para eliminar esa gelatina que llevan (y aque a mí de da una cierta grima). Reservarlos para añadirlos al final de la cocción del guiso.
  • Comprar los garbanzos cocidos en las tiendas de legumbres del mercado que ya los tienen a punto para usar como si los hubieras cocido tu misma en tu casa.

Segundo paso y muy importante, desalar el bacalao. Aquí una vez más tienes 2 métodos:

  • Comprar el bacalao seco y lo hidratas en casa (una semana – 3 días minimo – en remojo + 2 cambios de agua el día que lo vas a cocinar.
  • Comprar el bacalao ya remojado y listo para usar

En este caso yo he utilizado garbanzos cocidos comprados en la tienda de legumbres (Llegums La Nova) y el bacalao remojado y al punto de sal (Masclans) que me gusta en el Mercat de les Corts. Es un ahorro importante de tiempo y que no desluce para nada el plato. La materia prima continúa siendo de primerísima calidad.

Pues ya con los ingredientes preparados, empezamos con el sofrito. Pelar y picar la cebolla en juliana muy fina.

Pelar el ajo y ponerlo a dorar en una sartén a fuego medio con un chorro generoso de aceite de oliva. Cuando esté doradito (que empieza a saltar en la sartén) retirarlo y reservarlo para la picada.

Añadir la cebolla, salar un poco y dejar que se poche poco a poco. Cuando esté hecha, retirar la sartén del fuego y dejar que el aceite se temple un poco.

Incorporar el pimentón de la Vera y remover bien para que se integre con el sofrito.

Poner una cazuela con un poco de caldo de verduras (o si has cocido tu los garbanzos el líquido de la cocción sin la cebolla, el ajo ni el laurel) y añadir los garbanzos cocidos. Cuando esté caliente, añadir el sofrito de cebolla.

Ir echando por tandas las espinacas (o las acelgas) bien lavadas y cortadas en trozos.

Desmigar el bacalao para que quede en trozos que se puedan comer de un bocado e incorporar al potaje. Ir moviendo la cazuela por las asas «en vaiven» para que se vayan mezclando todos los ingredientes sin que los garbanzos se rompan.

Bajar el fuego y dejar cocer 5 minutos todo el conjunto.

Mientras hacer una picada con el ajo y una rebanada de pan frito. Incorporar al guiso y dejar cocer 5 minutos más. Probar de sal y rectificar si es necesario.

Cocer un par de huevos duros. Pelarlos y cortarlos en trozos para añadirlos a la cazuela justo en el momento de servir bien caliente.

Música para cocinar: Barry White – Let the Music Play